Zaragoza recupera el Monumento a Los Sitios tras nueve meses de restauración integral sobre un conjunto escultórico de 1908
La intervención, ejecutada con un equipo de ocho profesionales en Conservación de Bienes Culturales, ha requerido técnicas como la limpieza con láser y la estabilización estructural del águila imperial del remate; el monumento vuelve a verse sin andamios a tiempo de las Fiestas del Pilar
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La Alegoría de Zaragoza, figura femenina de bronce que corona el monumento a más de 16 metros de altura, tras la intervención de restauración. -
Un equipo de ocho profesionales cualificados en Conservación de Bienes Culturales abordó la limpieza técnica y consolidación de las esculturas. -
Mapeo de patologías y pruebas de limpieza química directo sobre los bronces y relieves de piedra del conjunto.
La plaza de Los Sitios ha vuelto a su aspecto habitual tras nueve meses con uno de sus elementos centrales oculto bajo andamios. El Monumento a Los Sitios, conjunto escultórico de 1908 obra de Agustín Querol i Subirats, ha completado un proceso de restauración integral que empezó a hacerse visible el pasado 21 de septiembre con el inicio de la retirada del andamiaje. El objetivo del Ayuntamiento de Zaragoza era claro: devolver la pieza a los ciudadanos antes de las Fiestas del Pilar.
Pocos monumentos públicos reúnen tanta densidad simbólica para una ciudad como éste. El conjunto escultórico, erigido con motivo de la Exposición Hispano-Francesa de 1908, se levantó para conmemorar el centenario de los sitios napoleónicos sufridos por Zaragoza en 1808. Está planteado como un diorama circular con numerosas figuras ejecutadas en bajorrelieve, relieve, altorrelieve y bulto completo, combinando piedra arenisca, piedra caliza y bronce. Se articula en ocho alturas que suman más de dieciséis metros, y lo corona la Alegoría de Zaragoza, figura femenina de bronce que preside todo el conjunto.
Un diagnóstico previo que condicionó toda la intervención
La restauración ha estado precedida por un profundo trabajo técnico. Estos trabajos previos permitieron documentar la magnitud del deterioro: erosiones y exfoliaciones en la piedra, manchas negras incrustadas por la contaminación, craquelado y descamación de un barniz anti-grafiti aplicado en una restauración anterior, desplacaciones superiores a un centímetro de espesor en algunas zonas y pérdida de pátina en los elementos de bronce.
Con ese diagnóstico sobre la mesa, el Ayuntamiento adjudicó la ejecución del mismo dentro del Plan de Sostenibilidad Turística en Destinos de la Comunidad Autónoma de Aragón y combina la restauración del monumento con una renovación completa del espacio urbano de la plaza, incluyendo la plantación de diez nuevos árboles.
Ocho especialistas trabajando simultáneamente en ocho alturas
El equipo que ha asumido la intervención está integrado por ocho profesionales con titulación específica en Conservación de Bienes Culturales, dirigidos por José Ramón García Ureña. La singularidad del encargo residía en abordar simultáneamente dos tipologías de material con patologías muy distintas: la piedra y el bronce; y en hacerlo a lo largo de las ocho alturas del monumento, cada una con sus condicionantes de acceso.
El tratamiento del bronce ha sido especialmente complejo por el diseño del conjunto, con pliegues y relieves de difícil acceso. Los especialistas han debido eliminar depósitos acumulados, retirar sales incrustadas, practicar limpiezas físicas en profundidad y, en algunos puntos, soldar o afianzar fijaciones estructurales. Como explicó el propio García Ureña durante los trabajos, los elementos de bronce no son piezas únicas, sino placas ensambladas cuyo comportamiento conjunto depende de la integridad de esas uniones.
En el caso de la piedra, el proceso ha incluido el tratamiento específico de cada patología identificada. Una de las técnicas que más protagonismo ha ganado en la fase final ha sido la limpieza mediante láser, aplicada para eliminar las costras negras más resistentes y las manchas incrustadas durante décadas en la porosidad del material, allí donde los métodos tradicionales resultaban insuficientes o excesivamente agresivos.
Un reto estructural inesperado: el águila imperial
A medida que la intervención avanzaba, aparecieron patologías que no estaban documentadas en el diagnóstico inicial. Algunas de ellas habían quedado ocultas bajo una lechada aplicada en la última restauración del monumento, en 1998, que impedía su detección hasta que no se liberaba la superficie. Entre esas sorpresas, la más delicada fue la relativa a la estabilidad del águila imperial integrada en el conjunto escultórico, una pieza con riesgo real de desprendimiento que ha requerido una intervención estructural específica para asegurar su fijación.
Las actuaciones imprevistas obligaron a modificar el cronograma inicial de los trabajos, aunque sin comprometer la fecha objetivo de retirada del andamiaje. El margen final se ha mantenido justo para que la Alegoría de Zaragoza y el resto de las figuras del conjunto puedan contemplarse sin obstáculos durante las Fiestas del Pilar, que arrancan a mediados de octubre.
Patrimonio público, oficios cualificados
Por encima del valor específico del monumento recuperado, la intervención ilustra una realidad del ámbito patrimonial: la restauración de bienes culturales de cierta complejidad requiere la convergencia de perfiles técnicos muy especializados. El concurso público del Ayuntamiento de la ciudad exigía la titulación específica en Conservación de Bienes Culturales para todo el equipo ejecutor, y la práctica combina conocimientos de química aplicada a materiales, técnicas tradicionales de cantería y metalistería, procedimientos modernos como el láser y análisis estructural fino.
Zaragoza recupera así, de forma visible, uno de los conjuntos escultóricos más significativos de su memoria urbana. Y lo hace tras un proceso que recuerda, discretamente, que la conservación del patrimonio arquitectónico y monumental descansa en una cadena de oficios cualificados cuya continuidad es, en sí misma, una política pública.